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Protagonistas en el Mundo social: Cosme Sánchez

En Wholengo nos interesamos por aquellos que están al pie del cañón luchando contra las injusticias y los desastres. Muchos admiran la labor de estos profesionales, que entregan su vida por y para «la causa». Sin embargo, su reconocimiento está lejos de ser el ideal. Creamos esta sección con la entrevista a Gorka Albizu, y ya vamos por el cuarto trabajador social. En este caso se trata de Cosme Sánchez, otro veterano en el mundo ONG. Lleva 10 años en la Comisión Antisida de Vizcaya y su experiencia es extensa.

  • ¿Cómo comenzó tu aventura en el mundo de las ONG?

Cuando contaba con aproximadamente 20 años, un amigo de un barrio vecino me invitó a participar en unos talleres escolares para jóvenes que no disponían de recursos económicos suficientes. La parroquia del Redentor, en Algorta, nos cedía unos locales donde podíamos, eventualmente, encontrarnos con estos chicos. Años más tarde me trasladé a Vitoria para trabajar como educador social en un centro para adolescentes que habían cometido algún delito penal. En aquella época yo era un joven estudiante de derecho con una vena ideológica muy marcada. Allí pude advertir los efectos, a veces perversos, del sistema penal en algunos adolescentes que, por diferentes motivos, fugados del hogar y de la escuela, habían recurrido a los tóxicos o deambulaban sin saber a dónde acudir, qué hacer, ni a quién dirigirse para pedir ayuda.

Finalmente se habían encontrado con el límite infranqueable de la ley, y sus efectos. Para algunos fue una suerte… El encuentro con estos jóvenes me marcó. Una marca que no era más que el retorno de las propias dificultades por las que yo tuve, y he tenido, que transitar para atravesar mi propia adolescencia y tratar de ocupar un lugar en el mundo. Cosa nada fácil. Por otra parte, pude empezar a conocer las instituciones; sus paradojas y sus contradicciones. Su vocación de orden público y control social; el etiquetado de personas, el empuje a la “normalidad” y otras formas de segregación institucional.

En aquellos tiempos, y como estudiante de derecho, ya me había interesado por los trabajos de Michel Foucault (“Vigilar y castigar”) y Beccaria (“De los delitos y las penas”). También por el derecho penal, la pedagogía o el psicoanálisis. Pude empezar a dilucidar e interesarme sobre otras formas de tratar la institución, su función social, de acogida y apoyo; de sostén. Acompañar a cada persona en su singularidad, en la producción de un saber propio con el que circular por el mundo y habitar recorridos posibles. Más allá de los ideales de la civilización, y de las exigencias del rendimiento y la eficacia, existen maneras más prudentes de acompañar a las personas. Respetar, en definitiva, los tiempos subjetivos y las particularidades de cada sujeto implicado.

En febrero del 2008 comencé a trabajar en la Comisión Ciudadana Antisida de Bizkaia, lo que supuso un antes y un después en mi trayectoria vital. Encontré allí una organización social, humana y versátil, capaz de adaptarse a las diversas singularidades en juego. Una ONG crítica y reflexiva. Trabajé durante años en el Centro de Atención y Emergencia Sociosanitaria a drogodependientes y personas en exclusión social. Allí aprendí, pulí y formalicé mi praxis de acompañamiento. Tuve la suerte de estar acompañado por un equipo de trabajo formidable. Desde hace aproximadamente 5 años coordino un centro de día, inscrito en la red de servicios de acompañamiento de la Diputación Foral de Bizkaia, gestionado e ideado por la Comisión Antisida, donde continúo con mi labor profesional acompañando a personas que se encuentran en situaciones de fragilidad y vulnerabilidad social o subjetiva.

  • Una pregunta que se plantean muchos antes de colaborar con una ONG ¿qué seguridad tenemos de que una aportación o donativo llega al lugar correcto? ¿Cuál es tu experiencia al respecto?

Vivimos en un mundo sin garantías. Las instituciones, servicios y ONG suscitan más nuestra desconfianza que afecto. Esto se debe, en parte, a los efectos de burocratización en el mundo de lo social. Por otra parte, la corrupción y la desconfianza se han extendido por todas partes, desde la política hasta la universidad. Las Organizaciones del Tercer Sector, obviamente, también se han visto afectadas por este déficit de confianza. En cualquier caso, los que trabajamos y colaboramos en ONG y proyectos tenemos que estar advertidos de estos signos de la época. Existen múltiples maneras de colaborar con una ONG y debemos ser capaces de extender y pluralizar diferentes modalidades de participación social y comunitaria. Por nuestra parte, hemos de ganarnos la confianza de aquellas personas que, por diversos motivos, se dirigen a nosotros. Trabajando de forma ética y con transparencia.

  •  ¿Cómo ves el futuro del mundo ONG?

Lo que hoy en día imperan son las soluciones rápidas e instantáneas, también efímeras. «Time is Money», no hay tiempo que perder. Respuestas eficaces y eficientes siguiendo las lógicas de la Nueva Gestión Pública. No es extraño que muchos de los dispositivos actuales de atención social propongan poner a circular a los sujetos y a los profesionales en función de unos tiempos marcados y protocolarizados, incapaces de acoger las singularidades de unos y otros. Los efectos de la acción social nos remiten inevitablemente a un futuro incierto. Esto implica poder situar nuestra labor más allá del momento presente, para construir el futuro de las prácticas sociales.

Para ello, y como punto de partida, es necesario que el agente social pueda pensar, al menos, dos cuestiones. En primer lugar, considerar que el futuro no está escrito. No existe la última palabra. Nosotros sabemos que el destino no está predeterminado. Muy al contrario, pensamos la acción social como un anti-destino. En el sentido de apertura de nuevos horizontes y vías inéditas para cada sujeto. En segundo lugar, podemos sostener la creencia de que nosotros podemos contribuir de alguna manera a escribir el futuro de la profesión. Es decir, autorizarse a tomar la palabra y participar de la construcción colectiva en el discurso de las prácticas sociales.

Podemos pensar que la relación asistencial tal y como hoy la conocemos responde, en gran medida, a los siguientes rasgos. Destacaré tan solo tres de ellos: 1. La pérdida de calidad y cantidad del vínculo profesional-sujeto. Que se ha transformado en un encuentro cada vez más fugaz, de corta duración y siempre con la mediación de alguna tecnología (Ordenador, pruebas, informes, bases de datos, protocolos, prescripciones…). Por ejemplo, el protocolo actual de la visita de atención primaria en un Centro de Salud nos da una idea de este pasaje. Allí, el médico presta más atención a los requerimientos de la aplicación informática que a la escucha del propio paciente, al que apenas mira. 2. El aumento notable de la burocracia en los procedimientos asistenciales. La cantidad de informes, evaluaciones, cuestionarios, aplicaciones, que un profesional debe rellenar, superan ya el tiempo dedicado a la relación asistencial propiamente dicha. 3. La coordinación entre profesionales y recursos queda reducida al intercambio ocasional de informes, conversaciones telefónicas o emails, cuyo principal eje y sostén es la derivación.

Estas características configuran una nueva realidad marcada por una pérdida notable. La que se deriva de la sustitución del propio juicio de los profesionales (elemento clave en la praxis) en detrimento del protocolo monitorizado. Como correlato a este hecho tenemos la reducción del sujeto atendido a un elemento sin propiedades específicas (homogéneo, contable y categorizado). Esto, no es ni más ni menos, que la consecuencia lógica del afán reduccionista. Ese que trata la complejidad de la vida humana mediante razonamientos y procedimientos simplificados, contables.

  • ¿Cómo animarías a la gente a colaborar con Organizaciones No Gubernamentales?

Es una cuestión personal y privada. Seguramente tiene que ver con el deseo de cada uno, con sus ideales y sus identificaciones. Más allá de las profesiones y de las disciplinas que concurren en el aparato asistencial, es necesario que cada persona pueda contribuir y participar en la vida social y comunitaria, a su manera. Vivimos en comunidad. Cada persona ha de decidir de qué manera vivir con los otros.

La potencia del discurso neoliberal se apoya en una serie de ideales contemporáneos como la autonomía y el individualismo. Las consecuencias de la hegemonía de este discurso, tanto en las subjetividades como en el orden simbólico, se hacen notar. El neoliberalismo tiene una voluntad totalizante, aspira a convertirse en el discurso único. En este contexto, el otro no existe. Se puede perfectamente prescindir de él. Los lazos sociales son una carga, así como la tradición o la transmisión. Bajo estas coordenadas, resulta imprescindible que haya personas que apuesten por modelos de colaboración y construcción del tejido social, notablemente fragmentado en la actualidad.

  • ¿Cuál crees que es el principal problema para que las ONG realicen su trabajo?

Pienso que por un lado tenemos la deriva de la privatización de los servicios públicos y la “optimización de recursos”. En definitiva, una manera de velar los recortes y la ausencia de financiación, tanto pública como privada. Por otra parte, quiero subrayar mi preocupación por los efectos de la burocratización del sector. Sobre todo, sus consecuencias en la mortificación del deseo de los profesionales y agentes que desarrollan su labor en estas entidades. En nuestra práctica, no son pocas las ocasiones en las que nos vemos interpelados a preguntarnos por nuevos lugares y maniobras que permitan poder alojar a aquellas personas que no pueden seguir los itinerarios marcados, y que nos convocan a nuevas búsquedas.

Cada disciplina se ve empujada a re-inventarse, a investigar nuevas maneras de pensar la acción social. Hoy, más que nunca, necesitamos espacios de reflexión conjunta, “entre varios”. Trabajar en red implica que la red pueda alojar la particularidad de cada uno, de cada situación particular, y de cada disciplina. En caso contrario, quedaríamos atrapados en la red, que haría la función de una tela de araña paralizante. En su texto “la expulsión de lo distinto”, el filósofo coreano Byung-Chul Han plantea una tesis fuerte. Así, sostiene que el capitalismo, como sistema por y para la producción, «expulsa todo lo distinto». Lo interesante, me parece a mí, es que esto lo pone en serie con otro mecanismo del discurso oficial, al que denomina «la proliferación de lo igual». Pese a resultar paradójico, este particular empuje hacia la igualdad es el correlato de prácticas segregativas.

La igualdad se convierte así en un ideal masivo de homogeneización. Este ideal de igualdad, integración, adaptación a la norma, a lo normal (que no es otra cosa que la norma estadística), orienta multitud de prácticas en el campo de la acción social. Por supuesto, hay una versión de la igualdad de derechos con la que todos estaremos de acuerdo. Sin embargo existe, a mi parecer, un reverso de este empuje a la igualdad en las prácticas sociales. La expulsión de lo distinto. De la misma manera, el ideal de adaptación tropieza, una y otra vez, con aquello que en cada vida humana no es adaptable ni contabilizable, ni entra en la norma, que no es otra cosa que el deseo humano.

  • Cuéntanos alguna experiencia personal, de esas que hagan que merezca la pena trabajar en este campo

Aprendo mucho de las personas que acompaño. Me enseñan, en cada ocasión, maneras inéditas de transitar la vida. De ocupar un lugar en el mundo y superar sus dificultades.

  • ¿Qué dirías a los ciudadanos anónimos que no colaboran con ellas para animarles a hacerlo?

Como decía anteriormente, se trata de una cuestión muy personal y que forma parte de la vida íntima. Por intimidad entiendo también la particular relación que cada uno de nosotros establecemos con el otro, con la comunidad de la que formamos parte, o a la que hemos sido violentamente arrojados.

Así que, por suerte, no tengo fórmulas, ni recetas, ni manuales, ni consejos, ni recomendaciones sobre lo que “conviene hacer”.

  • Aunque por desgracia experiencias negativas también habrá…

No hay lo uno sin lo otro. Nuestras vidas están llenas de dificultades, obstáculos, problemas y sufrimientos. Digamos que en nuestro paso por la vida siempre hay pérdidas, algunas de ellas irrecuperables.

El testimonio de Cosme Sánchez nos muestra en profundidad un análisis del estado del mundo de las ONG. Por ello, desde Wholengo queremos ser el altavoz de todo lo que tú quieras mostrarnos, lo que no se sabe, lo que nunca se lee en los medios. Así que te animamos a participar. Cuéntanos tu experiencia dentro de una ONG, como cooperante, misionero, ayudante,… y nosotros te ayudamos a difundirla.

Ponte en contacto con nuestro equipo DA VOZ A LOS QUE SUFREN.

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