Refugiados republicanos a bordo del Stanbrook

La Historia del Stanbrook Parte I

El caso del barco Aquarius con sus 629 refugiados ha atravesado el planeta. Sobre todo, por el drama y la crueldad de la realidad política europea. El ascenso de los partidos xenófobos en países clave que habitualmente reciben los inmigrantes que huyen del hambre y de las guerras en África y Oriente Medio y la falta de memoria histórica de muchos políticos casi provocan un conflicto humanitario de proporciones inabarcables. Afortunadamente, todo parece que llegará a buen puerto (relativamente). Gracias en parte al capote que lanzó el Gobierno español, que ofreció el puerto de Valencia, al que parece que finalmente se dirigen. El viaje tardará 4 días. Pero hay un relato histórico, el del Stanbrook, que por su paralelismo y lección histórica, merece relatarse.

El caso del Stanbrook

Aunque este comienzo no suena muy a Wholengo, la solidaridad, heroicidad y temple que el protagonista de esta historia demostró y sus paralelismos con la todavía candente del Aquarius en las aguas del Mediterráneo,  hacen que merezca la pena contarla. Se dividirá en dos partes, para que sea más ligero. Es la historia del buque Stanbrook.

El protagonista fue el galés Archibald Dickson capitán del buque. Este oficial, llevaba comerciando con la II República Española 12 meses, al final de la Guerra Civil. El 2 y 3 de marzo de 1939 escribió una carta abierta contando su dramática aventura.

Tras evitar un destructor del Bando Nacional se dirigió hacia el puerto de Alicante. A priori, con la intención de recoger unas mercancías. Varios días pasaron sin que recibiera instrucciones, hasta que las cosas cambiaron a peor. Cuando llegaron los primeros cargamentos, 1000 refugiados del conflicto armado llegaron para huir de la guerra y las autoridades portuarias le pidieron que los acogiera. La primera reacción de Dickson fue de inquietud:

El buque solo dispone de alojamiento para su tripulación de 24 personas al completo. Entre los refugiados había un gran número mujeres, chicas jóvenes y niños de todas las edades; incluso criaturas en brazos. Debido al gran número de refugiados me encontraba en un dilema sobre mi propia postura ya que mis instrucciones eran que no debía tomar refugiados

Pronto crece el caos

“Después de que, entre 800 y 900 refugiados hubiesen subido a bordo, por alguna razón u otra los guardias y Funcionarios de Aduanas en el muelle aparentemente perdieron el control de la pasarela, de tal manera que quedo atascada con una masa forcejeante de personas” comentaba el capitán. Al final, hasta los guardias y funcionarios se unieron a los futuros exiliados tras tirar las armas. No solo contamos con el testimonio del marino galés, también Helia González, hija de un dirigente republicano estaba allí:

Tenía solo 4 años pero todavía recuerdo al Capitán Dickson recibiéndonos. Yo estaba sujetando la mano de mi madre y él me cogió, me dio un beso en la mejilla y me puso a bordo. En ese viaje para mi, él era como Dios. Allá a donde fuera, si él estaba me sentía segura

Continuará…

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