Voluntarios Día Internacional

Voluntarios: los héroes anónimos

Miles de voluntarios anónimos se esfuerzan diariamente en aportar su conocimiento y fuerza para que cientos de ciudadanos inmersos en un laberinto de dificultades, puedan encontrar la salida. El área de influencia es amplio, tanto como la solidaridad y la tenacidad que les impulsa a conseguir un mundo mejor.

En Wholengo queremos reconocer a los verdaderos héroes: los voluntarios en el Día Internacional del Voluntariado. Por lo tanto, compartimos las experiencias recogidas en nuestra sección: Protagonistas Mundo ONG y, además, contamos con un testimonio muy especial.

Cambiarás la vida

Idoia Clemente

“Mientras estudiaba, en el instituto y luego en la universidad. Fui voluntaria en algunas organizaciones movida por la curiosidad y también en un (torpe) intento de descubrir si en este ámbito podría tener opciones de desarrollarme a nivel personal o profesional. Un poco más tarde, estando cerca de terminar el grado en psicología, sentía que no encajaba en ninguna de las ramas y elegí el itinerario social. Gracias a una profe de esas que no se olvidan y a un tutor de prácticas que se volcó conmigo, empecé a sentirme verdaderamente ilusionada por trabajar en este área y decidí especializarme estudiando un máster en intervención social“.

Roberto Gómez

“De una manera u otra, siempre he formado parte de una red de voluntariado, aunque la que considero como una experiencia transformadora fue un voluntario de algo más de tres meses que desarrollé en Perú. Mi labor consistía en colaborar en la formación educativa de jóvenes, madres adolescentes en la mayoría de los casos, que convivían en un centro gestionado por una pequeña ONG española”.

“En el tiempo que estuvo allí experimenté un mundo de experiencias vitales: felicidad por comprobar que aquello que enseñabas tenía recorrido; hastío y enfado por la gestión y aprovechamiento personal del centro que realizaban las administradores locales; tristeza por las historias desgarradoras que compartían los residentes; entusiasmo, por las sonrisas de los más pequeños y las palabras de aquel niño que no hablaba con nadie; desilusión con las instituciones públicas del país y con muchos de los propios ciudadanos, y, por último, preocupación, por el futuro de las personas que un día debían abandonar los muros cuando llegaran su mayoría de edad”.

“¿Qué si recomendaría un voluntariado? Por supuesto. Te cambiará la vida, pero, sobre todo, cambiarás vidas”.

Pedro Mirones

“Mi entrada en el mundo asociativo fue de la manera más inesperada. Como licenciado en periodismo, mi futuro estaba bastante indefinido, pero mis ansias de comunicar mis pasiones a través de un medio de comunicación seguían vivas. Una amiga me propuso participar en un proyecto vecinal de radio libre y allí fui sin saber qué iba a hacer y cómo. Llevo ya 14 años y es una de las labores que más me llenan. Entre otras cosas, porque mis compañeras y yo dedicamos nuestro tiempo en el medio a motivar a las personas del barrio y a cualquier que nos quiera escuchar con un pensamiento libre y racional. Saber que hay personas que han decidido y tomado decisiones desde una perspectiva de libertad y ayudar a que el mundo conozca las pasiones y problemas de un barrio, olvidado por muchos, es algo que nadie en el mundo te puede dar. Todo el mundo puede encontrar un sitio en el que aportar.”

Forma de vida

Gorka Albizu

“En 1999, buscando unas practicas para mis estudios de medioambiente terminé en un proyecto de conservación de biodiversidad en Panamá, financiado por la AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo). De esta manera conocí a los primeros cooperantes. En un principio, lo que me atrajo fue la forma de vida y la posibilidad de tener experiencia de primera mano con países en vías de desarrollo. Al terminar los estudios me pase un año viajando por Latinoamérica enlazando voluntariados en el área de medioambiente/conservación y fue en Bolivia donde conocí de primera mano los verdaderos proyectos de desarrollo. Originalmente entre en este mundo por afán aventurero más que otra cosa”.

Cosme Sánchez

“Cuando contaba con aproximadamente 20 años, un amigo de un barrio vecino me invitó a participar en unos talleres escolares para jóvenes que no disponían de recursos económicos suficientes. La parroquia del Redentor, en Algorta, nos cedía unos locales donde podíamos, eventualmente, encontrarnos con estos chicos. Años más tarde me trasladé a Vitoria para trabajar como educador social en un centro para adolescentes que habían cometido algún delito penal. En aquella época yo era un joven estudiante de derecho con una vena ideológica muy marcada. Allí pude advertir los efectos, a veces perversos, del sistema penal en algunos adolescentes que, por diferentes motivos, fugados del hogar y de la escuela, habían recurrido a los tóxicos o deambulaban sin saber a dónde acudir, qué hacer, ni a quién dirigirse para pedir ayuda”.

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